29 de abril de 2020

Celebramos a Don Enrique Alvear en su Pascua: Obispo de los Pobres y patrono de la Fundación

Compartimos con todos ustedes el siguiente texto, escrito por Eduardo Silva S.J., Asesor Eclesiástico de la Fundación, con motivo de la celebración de una nueva Pascua de Don Enrique Alvear.

Don Enrique Alvear es el patrono de la Fundación por múltiples razones. Patrono porque es modelo, ejemplo, medida de lo que hacemos, un testigo y un santo que podemos y queremos imitar. Doy cuatro motivos…

  1. Podemos imitarlo porque nos es cercano… Vivió en Cerro Navia, caminó por nuestras calles, sirvió a nuestras comunidades, organizaciones, pobladores y pobladoras. Lo que él hizo queremos y podemos hacerlo nosotros y nosotras: servir a las personas de Cerro Navia… y hacerlo de esta manera… al modo de Jesús, manso y humilde, valiente y apasionado, sin cansancio. Se enfrentó a dificultades análogas a las nuestras, fue capaz de servir en pobreza. Los educadores y educadoras tenemos en él un testigo cercano. Podemos imitar a este pastor y así seguir y hacer lo de su maestro, Jesús.
  2. Queremos hacerlo porque nos enseña a ser solidarios y solidarias; “Desde Cristo solidario construimos una iglesia solidaria” –repetía incansable. Comunidades cristianas solidarias, organizaciones que se hacen cargo de las necesidades y urgencias de los más vulnerados y vulnerables de la comuna. Su amor y pasión por los pobres es nuestra pasión. Somos expresión de la iglesia solidaria, solidaridad institucionalizada –decimos también incansables. Opción preferencial por los pobres… reiteramos y decimos con él.

Pero además, de poder y querer seguir como Fundación su ejemplo, tenemos dos razones más, para que sea nuestro patrono y nuestro modelo en estos tiempos de crisis eclesial y de pandemia:

  1. Don Enrique fue pastor y obispo de la Zona Oeste. Nosotros somos educadores y educadoras y por lo mismo pastores. Don Enrique es el modo de ser Obispo que soñó el Concilio Vaticano II. En un momento en que están tan desacreditadas todas las figuras de autoridad, en que se sospecha que el uso del poder es siempre abuso, en el que nos escandalizamos con razón por los malos pastores, por clérigos que han abusado de su poder y han cometido delitos sexuales, aparece su figura de “buen pastor”. Y vemos en Don Enrique una manera buena de ejercer la autoridad, de usar el poder, sin abusar de él. Pastores, educadores, educadoras, maestros, maestras, profesores y profesoras al servicio de las personas. Don Enrique nos renueva la confianza en que es posible ser educador, conducir, guiar, orientar…
  2. Por último, Don Enrique es pastor y también oveja. No sólo fue Obispo, también es discípulo, es creyente… es cristiano, es un bautizado. Prima en él el sacerdocio común de los y las fieles, por sobre su sacerdocio ministerial. Es parte del pueblo de Dios como todos los bautizados. Como Fundación somos parte del pueblo de Dios, caminantes por estas calles como todos y todas; muchos viviendo en la comuna y todos intentando ser buenas personas, buenos creyentes, dando testimonio con el trabajo y con nuestra vida. Intentando ser coherentes con el evangelio. Y en este tiempo de pandemia no sólo agentes sociales, sino también pacientes, vulnerables, frágiles, intentando cuidarnos a nosotros mismos y a nuestra familias, con temores, con incertidumbres, como todos. Tiempo propicio para imitar unos de sus rasgos más preciosos: su mansedumbre, su paciencia, su capacidad de escucha, su oración y su contemplación.

Don Enrique es cercano a nosotros, nos enseña la solidaridad, nos muestra cómo ser pastores en tiempos de crisis eclesial y cómo ser creyentes y pacientes en tiempos de pandemia.

 

 

 

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