Inspiración

  • Don Enrique Álvear

Don Enrique Alvear: patrono e inspirador de la Fundación

Autor: Eduardo Silva S.J.

Tanto las personas como las instituciones necesitan orientar sus vidas y sus proyectos. Los ideales, los sueños, los propósitos, los sentidos sirven para ello. Hay que tener un norte o un sur en la vida. El Quijote lo tenía muy claro. “Con fe lo imposible soñar, al mal combatir sin temor… a la estrella alcanzar”. Pero las estrellas están muy lejanas. Las personas de carne y hueso están más cercanas, pues son como nosotros de carne y hueso, tienen sueño, hambre, frío, se cansan y se enojan, también aman y se entregan como nosotros.

Por ello es importante que esos ideales se encarnen en personas concretas: son los héroes de la patria, los líderes que nos conducen, las vidas ejemplares, los testigos, los hombres y mujeres grandes, los sabios, los profetas, los patronos, los santos. Cuando la iglesia canoniza a alguien lo propone como ejemplo, como modelo, porque ellos vivieron el Evangelio de un modo notable, excepcional, ejemplar, imitable, digno de ser seguido. Y lo vivieron en este tiempo, en estas condiciones que son las nuestras y por lo tanto el Evangelio no es solo vivible por Jesús o sólo vivible en tiempos de Jesús, como judío palestino, hablando arameo y con una túnica blanca. Podemos seguirlo de blue jeans, con polera, blusa, hablando castellano, caminado por la población y siendo chilenos de Cerro Navia.

Pues bien nosotros hemos elegido como nuestro santo, nuestro inspirador, nuestro ejemplo, nuestro patrono a Don Enrique Alvear, el obispo de los pobres. En estas lineas quiero mostrar los motivos de esta elección. ¿Por qué queremos que su modo de ser sea nuestro modo de ser; su modo de acoger y de servir sean nuestros modos de acoger y de servir? ¿Por qué queremos que sus rasgos sean nuestros rasgos? Eso es lo que está en la palabra patrono, que tiene que ver con un patrón (no el del fundo), sino un “patrón”, una medida, un canon, una regla, un parámetro. Su modo de ser es el modo de ser que queremos para la Fundación, para que guié, norme, oriente lo que hacemos, para que sea nuestro modelo, nuestro patrón, nuestro patrono.

Pero patrono e inspirador no obliga a la imitación, sino que mas bien invita al seguimiento. Hacer lo que el hizo no implica repetir, sino actualizar creativamente aquello que a el mismo lo inspiro. Queremos seguir su ejemplo, sus huellas, su senda… seguirlo pero no necesariamente imitarlo. La Fundación esta tras Don Enrique Alvear. La palabra tiene una ambigüedad interesante, un doble sentido. El tras es tras él, detrás de el… siguiendo lo que él hizo, en su mismo camino, en su senda tras sus huellas, ojalá  pareciéndonos a él. Pero  también el tras significa después de él, 30 años después. Don Enrique murió el 1982 y ahora estamos en el 2013. han pasado mas de 30 años. Hay muchas cosas que han cambiado, las circunstancias no son las mismas. Como el contexto ha cambiado seguirlo fielmente nos obliga a cambiar. Si el hizo 1 por que vivía en un contexto 2, ahora que el contexto es 4 nosotros debemos hacer 2. Repetir 1 sería una imitación que no sirve por que las cosas han cambiado y requieren de nosotros otras respuestas. En un primer apartado muestro las semejanzas y las diferencias entre nosotros y él, entre su tiempo y el nuestro. En el segundo indico con algunos ejemplos como estas diferencias nos piden no reproducir sino traducir su modo de ser solidario.

Cuatro semejanzas y diferencias

Le toco vivir en plena dictadura, nosotros estamos en democracia (imperfecta, en transición, con sistema binominal, pero ya no está la Dina, ni los detenidos desaparecidos, ni los estados de sitio, ni papa mono).

Le toco vivir el Concilio Vaticano II, la reunión más importante de obispos de todo el mundo que se realizo entre 1962 y 1965 y que renovó la iglesia acercándola al mundo.

Don Enrique fue “el pastor que el Concilio soñó”, decía mi amigo teólogo. Hay aquí una tercera diferencia y semejanza con nosotros.

Don Enrique además de ser pastor de los pobres en la Zona Oeste, fue pastor vinculado a nuestras comunidades eclesiales de base.

Cuatro Ejemplos

Un primer aspecto es que el prototipo de solidaridad  de Don Enrique es la organización solidaria: “la olla común”.

Una segunda diferencia-semejanza. La olla común es llevada por “las mujeres de la población

El tercer aspecto tiene que ver con que los protagonistas no son los que realizan el servicio sino los que lo reciben.

Creía que él era un simple colaborador, que visitaba a quienes estaban con el Señor.